- ventana
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- marea
- Si algo cambia el nivel en Trieste, son la presión y el viento, no la luna. Con la bora el nivel baja y con el siroco sube: la sobreelevación por viento se suma a la carrera astronómica. Con la orilla a 100 m de la marca, la corriente a lo largo de la costa cuenta más que cualquier tabla. El recorrido de vuelta, 720 m hasta la franja de cinco metros, se decide antes y no durante.
- abrigo
- Las rachas del nordeste despeinan la superficie pero no levantan ola: lo que cuenta es el fetch hacia el suroeste. Con Libeccio las rocas sueltas rompen la ola pero la devuelven revuelta, y esa mar cruzada cansa más que un oleaje limpio. Con viento del suroeste en aumento la ventana se cierra deprisa: planifica la vuelta con margen. La mar muerta del suroeste llega también con cielo despejado y viento nulo.
- condiciones
- Sobre un fondo tan tendido el viento hace más daño que la ola, porque remueve toda la capa. Con 20 m alcanzados a unos 2400 m de la orilla, el límite del día lo pone el aire y no la distancia. Pasados los 1200 m de la orilla el día lo decide el agua y no las ganas. El agua mejor llega casi siempre de fuera con Grecale flojo.
- peligro
- El peligro de un bajo aislado es la distancia a tierra, no la profundidad. En Trieste, como en toda la costa italiana, la señal en superficie y los 50 m de radio no son negociables. Ten presentes los 100 m que te separan de la costa cuando decidas la última bajada. Con 720 m hasta los cinco metros, la salida es corta solo si la decides a tiempo.
- acceso
- Con Libeccio la travesía hacia la seca hay que pensarla dos veces, porque a la vuelta la tendrás en contra. El punto está a 100 m de la línea de costa y los diez metros pasan a 1200 m. Cuenta los 720 m que te separan de la isóbata de cinco metros: son la medida de la vuelta. Si no te ves capaz de rehacer los 1200 m desde los diez metros, no te alejes más.
Franja rocosa urbana al S de Miramare; arena y roca mixta, modesta pero real.
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